miércoles, 6 de diciembre de 2006

 

Příští stanice: Praha!!

¡Hola de nuevo! Sigo con mis viajes por Europa, y esta vez me tocaba una ciudad que llevaba mucho tiempo queriendo visitar: Praga. Está más o menos por aquí…

Praga es una ciudad que no sorprende. Te la esperas bonita, y efectivamente, es bonita. Te esperas un idioma imposible de entender, y, efectivamente, el checo es jodido. Te esperas frío en noviembre, y, efectivamente, hace un frío que pela gambas.

El caso es que fuimos para allá un nutrido grupo de 11 energúmenos, aunque hay que decir que últimamente las Travel están bastante relajadas… Llegamos allí el viernes por la noche, y nos alojamos en el Alice Apartment House, que resultó ser una pensión, pero bastante bien puesta (todas las habitaciones con su baño, limpias, bien decoradas, pero eso sí, pequeñitas y con toallas ínfimas). Lo bueno, que nos costó 65 euros la noche, que si el último día quieres hacer el check-out hasta las 12, te cobran menos, y que te dan unos cupones de descuento del 60% para la próxima vez que vayas.

Una vez pasado el nudo cerebral inicial de ver que no era un hotel, salimos a cenar. Praga es otra ciudad europea más donde cenar a las 22:30 es casi una misión imposible. Así que acabamos en un McDonald’s castigando nuestros estómagos para no pasar hambre durante la noche.

La animación nocturna de Praga es lo único que me desencantó de la ciudad, ya que está inflada de cabarets, locales de striptease, puticlubs, y demás antros de perversión, con solo un par de discotecas que se pueden salvar. Para los amantes del house, hay una en una planta elevada de un edificio, la Duplex, y para los que disfrutan con un tipo de música más comercial, pueden ir a la Lucerna (Linterna en castellano). Yo adoro el house, pero me lo pasé como un enano en la Lucerna.

El sábado nos fuimos a visitar la ciudad tempranito, después de haber dormido poco, para variar, y como el grupo sufría de varios niveles de destrucción, nos dividimos, así que me fui con Juande, su novia y Diego a ver la ciudad. Vimos la Puerta de la Pólvora, el centro histórico, la Torre del Reloj, desde donde hay una vista cojonuda de la iglesia de Týn y la plaza de la Ciudad Vieja, aparte del resto de Praga.

Después nos dirigimos a atravesar el Puente de Carlos, que atraviesa el Moldava y durante el paseo puedes admirar bonitas esculturas a los laterales del puente. Al cruzarlo, entras en el casco histórico de la ciudad, y, avanzando un poco más, llegas al castillo, con la Catedral de San Vitus. Antes de subir al castillo, hicimos una parada en un restaurante para comer y reunificar al grupo, y de postre nos apretamos una salvajada de un cóctel que tomaba el Gran Lebowski y que está de miedo: el Ruso Blanco. Si no lo habéis probado, hacedlo, está increíble.

Por la noche salimos por el Lucerna, donde nos echamos unas risas, unos bailes, conocimos a una tía majísima que hablaba un castellano granaíno perfecto y que nos enseñó un garito para acabar la noche, que ponían buena música, y donde la mayoría del grupo acabó con un chuzo de campeonato.

El domingo, mientras éstos se iban de tiendas y arrasaron con todo lo que pudieron, yo me fui con Juande y su novia a ver el barrio judío, que fue lo que nos quedó por ver el sábado. Muy chulo el cementerio judío y la sinagoga española. Os recomiendo ver esas dos cosas, nosotros no vimos más porque ya eran demasiadas sinagogas para un día (en el barrio tenéis unas 6 ó 7 sinagogas que visitar con un ticket que vale para todas ellas.

Bueno, pues por la tarde noche acabó mi viaje checo. Praga es una ciudad bastante encantadora, con edificios impresionantes, gente por lo general agradable, cerveza muy rica, y además, tendré que volver no solo por todo esto, sino porque me he dejado allí a una amiga a la que me apetecería volver a ver… ;-)

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