jueves, 1 de junio de 2006
Andiamo a Milano!

Con semejante plantel de energúmenos cogimos un vueling a Milán. Dicen que la ciudad no es especialmente bella, que no tiene mucho que ver y que es una ciudad industrial. Pues bien, debo desmentir algunos de esos mitos. La ciudad no es Londres, ni Munich, ni Madrid, está claro, pero de ahí a llamarla fea ahí un paso muy grande. Por si no la conocéis os puedo resumir que se puede ver en un día y medio, que tiene pocas cosas, pero muy muy bonitas, y que es la capital de la moda.
Eso fue lo que me resultó más curioso de todo el viaje. Si alguna vez vais, os llamará la atención el hecho de que en Milán no hay obesidad. Tienen unas costumbres deportivas y de culto al cuerpo que son realmente llamativas. Basta que os déis un paseo por el parque que está entre el Arco de la Paz (Sempione) y el Castello de Sforcesco para que lo veáis con vuestros propios ojos.

En cuanto al viaje propiamente dicho, tuvimos suerte de que mi amiga Sonia esté allí viviendo, ya que no sólo nos ayudó a encontrar el hotel y darnos consejos de cómo movernos por allí, sino que además nos presentó a un par de amigas suyas calabresas que nos permitieron practicar nuestro italiano. Ah, si alguna vez vais, os recomiendo coger un billete de metro que vale para 24 horas y cuesta unos 3 euros. Os sirve para todos los transportes, no solo metro, sino también bus y tranvía. El billete se llama

El hotel estaba bastante cuidado, limpio y todo nuevo. Estaba tan nuevo que la garra pensó que la televisión debía tener sed, y durante un par de copichuelas que nos tomamos, le dio de beber. Al día siguiente, se oía la tele perfectamente, pero no se veía. Fue en este hotel donde preguntamos la primera noche dónde podíamos cenar, y nos mandó a un restaurante, llamado Paradiso, donde nos sirvieron unas estupendas pizzas (dadas las horas, no querían servir otra cosa).

Después nos reunimos con las amigas de Sonia en Porta Genova, a tomar por saco del hotel. Para ir cogimos unos taxis. Ni se os ocurra si vais. 7 euros la bajada de bandera, y el taxímetro corre más que los propios taxistas, que se creen que son Giancarlo Fisichella. Al llegar allí conocimos a Antonella y Annalisa, dos muchachas dispares aunque amigas sin embargo. Y Antoniomañas entró en acción y, pese a su planta de galán americano rebelde de los años 50, el idioma fue una barrera insalvable que le impidió hacer mayores migas con ellas, tal y como le pasó a Antonio Banderas en "El Guerrero Número 13", con la diferencia de que Mañas no tuvo el tiempo suficiente para aprender el idioma extranjero.
De todas formas, tontás mías aparte, el descubrimiento del viaje fue un nuevo superhéroe, cuyo poder consiste en repetir las cosas: El Hombre-Loro. No sé qué extraño nudo se le hizo en el cerebro a nuestro compañero Alex, el cual se considera una mujer lesbiana encerrada en el cuerpo de un hombre, pero durante todo el viaje se convirtió en este extraño ser que nos permitió pasar los mejores momentos del viaje. Por cierto Alex, tienes más paciencia que el Santo Job después de la paliza dialéctica que te dio el vasco :-)
Bueno, veo que me estoy extendiendo demasiado. El resto de anécdotas del viaje deben quedar entre los que fuimos, y así quedarán. Resumen: Milán no es una ciudad fea, y por un vuelo barato, si ya habéis visto Roma, Florencia y Venecia, merece la pena ir.
Etiquetas: viajes
Comentarios:
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"el idioma fue una barrera insalvable que le impidió hacer mayores migas con ellas. Dios mío! He tenido un flashback del viaje a la Oktoberfest! Jajajaja, seguro que no le pasó eso a Matt Damon vs. Barbara?
Alambres
P.D: para que luego digas que no escribo
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Alambres
P.D: para que luego digas que no escribo
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